Lo lograron, después de 12 largos años, este grupo de jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y porque no hinchas, lograron el ascenso que tanto ansiaba el hincha de Atlanta, pero como siempre, como marca la historia de Atlanta la cosa no iba a ser tan fácil, si bien el colchon de los 14 puntos faltando 15 en juego brindaba una dosis importante de tranquilidad para enfrentar el partido con Barracas Central, el nerviosismo mezclado con la ansiedad por conseguir esos 3 puntos que faltaban lograron que se haga difícil ganar el partido.
El marco era impresionante, faltando 3 horas para el partido las colas para sacar entradas superaban las 2 cuadras, cuando el estadio abrió las puertas y aún faltaban más de dos horas para el inicio del partido, las tribunas se empezaban a llenar y cuando el equipo salió a realizar la entrada en calor el estadio ya se empezaba a sentir el clima de una final, los trapos grandes se desplegaban en la popular y en la platea, el colorido era impresionante, globos, banderas, sombrillas, camisetas de todas las épocas y las más de 12 mil almas que llenaron todas las úbicaciones del estadio y llenaron todos los pasillos y hasta las escaleras de las plateas recibieron con una lluvia de papelitos, fuegos artificiales y un ensordecedor aliento al equipo que después de tantos años le devolvió la ilusión.
Del partido en sí no hay mucho para decir, el equipo estuvo nervioso, la semana fue corta, Atlanta venía de jugar el martes a la noche, ese día hubo festejos hasta altas horas, los 3 días siguientes fueron de mucha ansiedad y el si el hincha no pudo dormir la noche anterior, imaginense los jugadores, sumado a eso Barracas Central jugó muy bien, Orfila manejó como quiso la mitad de la cancha, Peralta y Lambermont anularon completamente a los mellizos, el mediocampo de Atlanta nunca pudo hacer pie en el campo de juego y de una pelota parada, el mediocampista Arce encontró un cabezazo y puso justicia en el marcador, con el gol en contra, Atlanta no encontró las formas de arrimarse al arco rival, Sparapani había entrado por el lesionado Guzmán, en el segundo tiempo ingresó Carou por Galeano y más tarde Álvarez por Palisi, Atlanta se aproximó por un par de pelotas paradas, hubo un tiro libre de Ferragut bien contenido por Gomez, un gol anulado por off side y un par de jugadas sobre el final que no llegaron a lastimar.
El partido terminaba y los jugadores estaban tristes, los hinchas nerviosos, por la desidia de la AFA de no poner en paralelo los dos partidos había que esperar hasta las cinco y media de la tarde para saber si se podía dar la vuelta, la gente superpobló cada una de las pizzerias, confiterias, restaurantes y bares del barrio, otros no podían ni comer de los nervios, los más pesimistas empezaban a pensar, si hoy Defensores gana, Atlanta juega recién el martes con Platense, pero Defensores juega el Sábado con Comunicaciones en Agronomía, nuevamente los hinchas de Atlanta concurrirían masivamente a ver el partido como el día que la hinchada presenció el encuentro entre Armenio y San Miguel.
La espera del resultado también hacía recordar esos interminables 8 minutos que vivimos en cancha de Tigre el día del cabezazo de Lucas, cuando Ferro en Caballito hundía a San Miguel y nos daba la chance de no descender a la mismísima muerte, pero acá eran 150 minutos, por suerte ni bien empezó el partido, a los diez minutos el Mudo Ruiz dejó muda a toda la parcialidad de Defe y le empezó a devolver la sonrisa a los hinchas que de a poco fueron poblando el cesped del gran león, la postal de la cancha parecía la de la plaza Francia un sábado a la tarde, mucha gente sentada en el campo de juego, algunos con canastas tomando mate, galletitas, algún que otro sanguche, unas gaseosas y otros esperando con cerveza o con Fernet. Los minutos iban pasando, en la voz del estadio se escuchaba el relato del partido en el bajo belgrano y todas las jugadas parecían traer peligro de gol para Defensores, el nerviosismo reinaba en una cancha que cada vez estaba más llena, hasta que en un momento se escuchó un grito de gol, un larguisimo grito de gol, que no se sabía para quien era, el estadio se enmudeció, silencio total en el Leon Kolbowsky hasta que el relator informó que era de Chicago y la cancha explotó, se terminó el nerviosismo y empezó la fiesta.
El partido de Defensores terminó, la gente festejaba pero faltaban los jugadores que estaban en la concentración con sus familias, uno esperaba que salgan desde el vestuario hacia la cancha pero el presidente Alejandro Korz tuvo la idea de que salgan por la platea, se lo comunicó a los referentes del plantel y estos sorprendieron a todos, entraron a festejar con una vieja copa que estaba guardada en las vitrinas del club y se dió algo muy lindo, al revés que lo habitual y parecido a un recital, el plantel estaba en la platea y todo el público en el campo de juego, después bajaron, se dió la vuelta, los jugadores y el técnico fueron alzados y se terminó festejando arriba del arco que da espaldas a la calle muñecas con los jugadores muy emocionados algunos con lágrimas en los ojos.
Seguían las sorpresas, rápidamente los jugadores se subieron a un micro descapotable y el barrio se sumó a la fiesta, toda la familia en las calles, la gente desde los balcones de los edificios saludando al campeón y miles de personas acompañando la recorrida por el barrio, la avenida Corrientes teñida de azul y amarilla, una fiesta que no se vivió nunca de esta manera y va a ser imposible de olvidar, después de un par de horas, la caravana terminó, se festejó un rato más en el estadio, la gente seguía dando vueltas olímpicas y más tarde miles de bohemios se juntarían a cenar luego del larguísimo día para brindar por el enorme campeonato conseguido por estos héroes que ya pasaron a la rica historia del club.